miércoles, 17 de julio de 2013

Con prisas y sin calma - Capítulo 1

Eran las 17:00 h de la tarde, como todos los días me disponía camino del trabajo en ese Volkswagen rojo que heredé de mi querido abuelo, por muy pasado que esté hay un sentimiento que me mantiene unida a ese viejo coche. Iba con tiempo de sobra así que decidí parar en una cafetería que cae de paso "CAFÉ-CAFÉ", el dueño debería de haberse roto la cabeza al elegir el nombre, me pedí mi capuchino preferido y seguí el camino hacia el trabajo. La M-30 estaba colapsada, al final me ganaría la riña del jefe, aunque con un buen escote y unos ojitos, problema resuelto.

Elena me esperaba en la puerta de la revista con cara de "llegas tarde". Es como mi hermana mayor, me cuida mucho, siempre sabe cuando tengo un problema y como ayudarme a solucionarlo. Pero a veces me controla demasiado, una vez llegó al punto de salir a buscarme por todo Madrid porque eran las 7:00 h de la mañana y todavía no había llegado a casa, y mi pregunta es ¿no puede comprender que ya soy lo suficientemente mayorcita? Aunque por lo que parece no, ya que me sigue llamando igual que hace 6 años "mi pequeña saltamontes"... en el momento que decidí ser su compañera de piso.

-¡Buenas tardes, guapa!
-¿Tardes? yo diría que puedes decir noches.
-¡Ala, exagerada! Sólo he llegado media horita tarde. Vamos para dentro y quita esa cara de rancia, que me asustas hasta a los feos.

Como suponía, sólo hizo falta ponerle unos ojitos al jefe. Llevo tres años trabajando en la revista y aún no se si Arturo está casado, tiene hijos... esas cosas que las personas suelen tener a los 40 años. Lo único que se de él, es que es un mujeriego, toda la plantilla somos mujeres guapas, de 1'70 m de altura, 60 cm de cintura, unos 50kg, rubias, morenas, castañas, pelirrojas... Aunque debe de haber algo en mi que le atraiga más que en las demás, ya que  a mi me basta con sonreírle para conseguir un aumento de suelo o tener unos días libres, mientras que Raquel la semana pasada para ir al médico tuvo que hacerle unos favores extras como: hacerle la compra, traerle el café durante una semana y aunque ella lo niegue todas pensamos que acabó acostándose con él.

Al llegar a mi escritorio me encontré con un regalo que Celia, mi compañera de redacción, me había dejado  una enorme montaña de informes que había que poner al día. Me las apañé como pude para terminar a tiempo, ya que me esperaba una noche un tanto especial. Mi vecino de enfrente se había decidido finalmente a invitarme a cenar, aunque muy a su manera claro, me dejó un ramo de rosas en el felpudo, llamó al timbre y rápidamente se entró en su piso ¡qué ingenuo! se creería que no me iba a dar cuenta de que esta mirando por la mirilla.

"Para Nuria: Me gustaría pasar una agradable velada contigo. Si aceptas esta noche a las 22:00 te espero en el parque...
Espero que te gusten las rosas, con mucho amor Julio"

Julio es... como decirlo, un poco friki, aunque eso no quita lo bueno que está, sus abdominales no se pueden comparar con un tableta de chocolate. Hay dos tipos de tíos: uno los que están buenos, pasan de nosotras, nos tratan como una mierda y a pesar de todo nos ponen; y dos los que están buenos, son muy atentos, nos tratan como unas princesitas y no nos ponen. Julio era del segundo tipo de tío, pero tenía que darle una oportunidad, así que acepté.

Salí a las 21:00 de la revista y me quedaba media hora de camino, lo que significaba que el friki de Julio iba a tener que esperar. La impuntualidad es algo que llevo en la sangre, lo he intentado remediar, pero nada siempre llego tarde, supongo que la gente importante se hace esperar. Al llegar a casa Elena me atiborró a preguntas ¿Dónde vas? ¿Quién es? ¿Cómo es? ¿Tiene dinero? ¿Es de buena familia? y un largo etcétera, pasé de ella, me puse lo primero que pille del armario, un poco de polvos, rimel, coloretes y gloss, y salí de casa pitando. El pobre Julio me estaba esperando en la entrada del parque con un traje de chaqueta y con otro ramo de rosas, aquello parecía más una proposición de matrimonio que una primera cita.

-Vaya Julio ¡qué guapo te has puesto!

La cara paliducha de Julio empezó a obtener un color un tanto rojizo que aumentaba por segundos. Para mi que este es todavía un novato. Hoy en día es difícil de encontrar a un novato a tan “tardía” edad.

Julio tiene un BMW descapotable negro espectacular. A decir verdad entre el descapotable y el traje de chaqueta mis predicciones de la pedida de mano se empezaban a confirmar. Llegamos al restaurante en un abrir y cerrar de ojos, muy lujoso y tenía pinta de ser bastante caro. Momento de pedir la cena y yo ya me imaginaba la típica escena de película, esas en las que primero pide la tía y acto seguido el tío dice “yo quiero lo mismo”. ¡Qué patético! La cara de satisfacción que los tíos ponen al pronunciar esa frase, se creerán que nos cautivan con esas cursiladas. Pero bueno hay que reconocer que un poquito siempre gusta.

Bogavante, vino de reserva, caviar, trufas, omelette… los botones del vestido estallarían de un momento a otro.

-Nuria yo quería decirte que…

Mercedes Casablanca Barrero

Una tarde cualquiera, de un día cualquiera, a un ahora cualquiera... me puse a escribir y salió esta historia. La protagonista es Nuria, una chica guapa, atractiva, entusiasmada, alegre, enamorada de su trabajo y enamorada de la noche. Voy a dividir el relato en varios capítulos, ya que así os quedo con la intriga xD
El mes que viene posiblemente publique la segunda parte.  
Otra cosilla cuando publique la historia completa  asignaré un título al relato (hacerlo ahora sería un poco precipitado, queda mucha historia por conocer y por escribir); os propongo que en cada capítulo dejéis un comentario con un posible título, al final de entre todos los que me comentéis elegiré uno y la historia será bautizada con VUESTRO título. 

Espero que disfrutéis leyéndome y que os ayude a sumergiros en otro mundo que no sea este. 


¡Muchos besos!
Muakk     

No hay comentarios:

Publicar un comentario